Esta serie surge en el taller de arte de la Penitenciaría de la Ciudad de México, donde fotografiar a los hombres se convirtió en un gesto de restitución: devolverles la posibilidad de mirarse y reconocerse fuera de la lógica del expediente. Desde una mirada femenina, el cuerpo masculino aparece en su vulnerabilidad, delicadeza y sensualidad. El transfer y la intervención directa vuelven la imagen una materia abierta al roce, al desgaste y a la transformación.